jueves, 18 de agosto de 2011

GUATINI Nro 78 --- AÑO 4

EL VERANO EN LA PIEL


Verano marplatense Foto de Stella Maris TABORO (Argentina)


ANTONIO MACHADO 
(España)


NOCHE DE VERANO

Es una hermosa noche de verano. 
Tienen las altas casas 
abiertos los balcones 
del viejo pueblo a la anchurosa plaza. 
En el amplio rectángulo desierto, 
bancos de piedra, evónimos y acacias 
simétricos dibujan 
sus negras sombras en la arena blanca. 
En el cénit, la luna, y en la torre, 
la esfera del reloj iluminada. 
Yo en este viejo pueblo paseando 
solo, como un fantasma. 







PABLO NERUDA (Chile)


Poema 4


Es la mañana llena de tempestad
en el corazón del verano.
Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
el viento las sacude con sus viajeras manos.
Innumerable corazón del viento
latiendo sobre nuestro silencio enamorado.
Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,
como una lengua llena de guerras y de cantos.
Viento que lleva en rápido robo la hojarasca
y desvía las flechas latientes de los pájaros.
Viento que la derriba en ola sin  espuma
y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.
Se rompe y se sumerge su volumen de besos
combatido en la puerta del viento del verano.



JORGE ENRIQUE ADOUM (Chile)


OTRA VEZ EL VERANO (Fragmento)


El verano pone su color tranquilo
sobre todas las cosas y las hojas;
de nuevo alborota el viento
a las muchachas, cierra
los cuadernos y junta la tarde
perezosa a las naranjas.
Arena de luz la playa, tranquilo
el mar, en paz el ave, solo el polvo
arrastra su camisa a otro lugar.
Hoy ha crecido el trigo mucho,
está la sementera en mediodía:
doble lámpara de sol y cereal.
Hoy pude ser feliz: pude tenderme
a contemplar la página del cielo,
pude oír removerse a las raíces
discutiendo con el suelo su estatura,
pude hablar con la brisa, haber
entrado al mar que me rodea
como una cintura, de qué buena
gana me habría sometido
al gobierno del ocio y sus racimos.

ANA MARIA MANCEDA (Argentina)



Hace treinta y cinco años vive en la Patagonia Argentina( San Martín de los Andes). Coautora del “LIBRO DE LOS CIEN AÑOS” En Octubre 2008 recibe 1º Premio en Certamen Internacional “ARTES Y LETRAS 2008”en narrativa por su obra “DERRUMBE”. Editorial Novelarte. Córdoba ( Argentina). Integrante de REMES ( Red mundial de escritores en español) de SEA; de Poetas del Mundo y de World Poets Society, Latin Heritage Foundation; Unión Escritores Hispanoamericanos. Jurado del Centro Editorial Municipal de San Martín de Los Andes. Seleccionada en varias antologías nacionales e internacionales. Participa en diversas revistas literarias por Internet. Ha publicado en varias ocaciones en LA Revista Literaria GUATINí (Miami, EUA)


LAS DULCES HIERBAS DEL ESTÍO 

El calor era el compañero continuo de nuestros juegos. Comenzaban por la mañana temprano y luego de una siesta obligada, terminaban cuando la noche, con su frescura, nos acariciaba tendidos en el pasto, tirados boca arriba, viajando por las estrellas.
El fondo de la casa estaba dividido en patio, parque, huerta y gallinero. Teníamos sesenta metros de largo para nuestras correrías, ni las plantas de tomates se salvaban, ya que los surcos que las separaban para permitir su riego, eran el refugio ideal de nuestras escondidas. Éramos una pequeña pandilla; los vecinos, Tito y su hermana Betty, de mi edad, mis hermanos menores y yo. Al ser la mayor organizaba los juegos. Mi preferido era filmar películas, los hacía sentar en el pasto o en cajones de manzanas en el gallinero, las estilizadas cañas y las gallinas eran los otros sufridos espectadores ante mis dramáticas actuaciones. Yo era la actriz y los demás personajes, todos terminaban llorando, por supuesto el gallo cacareaba, pues casi siempre me moría o hacía de monja que abdicaba de la vida por amor. Cuando Betty exigía su derecho de hacer ella una película, la sufría especulando con un argumento que diluyera con su dramatismo el esfuerzo de mi amiga, yo Elisa Guzmán no permitiría jamás que su actuación opacara mi juego preferido. Otra diversión que nos fascinaba era organizar el bautismo de las muñecas. Con ayuda de las tías, confeccionábamos los vestidos para la ocasión. Ese día las muñecas de porcelana lucían hermosas. Entre ambas familias reuníamos unas siete. Tito se disfrazaba de cura, con unas grandes carpetas de puntillas al crochet de su madre y la tarde se convertía en fiesta. Masitas, sándwiches y para beber, granadina. Hasta invitábamos a otros chicos de la vecindad.
En las tardes en la que el calor se sentía insoportable, conectábamos la manguera y nos empapábamos, por supuesto, teníamos permiso para estar en malla. A la hora de la merienda, hacíamos tiempo cortando de unas hierbas que crecían en la cerca de Ligustrum que lindaba con nuestro vecino, unos frutitos de sabor agridulce al que llamábamos “huevitos”. Sentados en el césped, aromatizados por el olor de los tomatales, las flores, el verano y la niñez, comíamos ansiosos sándwiches de tomate con aceite, sal y pimienta acompañados de un cóctel confeccionado con huevos crudos batidos, azúcar y un chorro de vino moscato. No podíamos estar débiles ni delgados.
Nuestro vecino de la cerca de Ligustrum era Don Alberto, nos divertía espiarlo por algún claro de la ligustrina , con la excusa que buscábamos los “huevitos”. Era el vecino más rico, vivía con su mujer, concertista de violoncelo del teatro Argentino, un soberbio perro, ovejero alemán y un loro. No tenían hijos, eran socios del Jockey Club y eran los únicos que tenían auto, un descapotable amarillo. Cuando lo manejaba por el barrio la gente se arrimaba a las veredas para admirarlo al pasar. Las amas de casa suspiraban por tener la vida que el matrimonio hacía.
El loro “ Pepito” estaba enseñado por la mujer de Don Alberto para que contestara al saludo de éste. Cuando el viejo paseaba por el parque con su perro, su pelada brillante, su robe de toalla semi-abierto, dejando entrever sus flacas piernas, bajo su voluminoso abdomen, le decía—Buenas tardes Pepito— y el loro le contestaba —Buenas tardes, vieja loca, vieja loca—. Nosotros nos tapábamos la boca para no estallar de la risa.
Al llegar el otoño aún quedaban tardes calurosas, si bien el perfume en el aire era otro, en la casa se olía el olor a incienso y a las velas que la abuela prendía en el altar de su cuarto por ser Semana Santa. Igualmente se percibía un cambio en el color de la luz solar y la huerta que en verano rebosaba compitiendo con las hierbas del parque, se iba marchitando, permitiendo el lucimiento de los frutales de invierno, que ostentaban la formación de sus frutos. Mi padre tenía que llegar de viaje, la casa se preparaba para recibirlo con empanadas, ahí andaban la abuela, mi tía y mi madre en todos los quehaceres. Con mis hermanos saltábamos cada tanto por unos tirantes del cuartito, donde se guardaban trastos viejos, que hacía de escalera y subíamos a la terraza. Desde ahí podíamos divisar el vasto horizonte, quebrado por alguna arboleda añosa, ya que las casas eran bajas y nos permitía mirar la ruta de acceso al barrio. Ante los retos de mi madre bajábamos corriendo de nuevo a jugar. Al atardecer al fin arribó, traía regalos para todos, para mí un pequeño y maravilloso cordero negro. Parecía un dibujo animado. Ramón correteaba por el césped, un poco descuidado por la ausencia paterna.
En esos días, al llegar del colegio y antes de almorzar, tiraba mis útiles en algún sillón del living y desesperada salía a saludar a Ramón. Jugábamos, lo abrazaba, lo besaba, sentíamos un amor mutuo. Los gritos de las mujeres eran el coro que nos acompañaban, el guardapolvo blanco se transformaba en una pintura surrealista de verdes y marrones. Las manos de mi madre quedaban coloradas de tanto fregar en la batea la complicidad de mis juegos con Ramón. Ese período otoño- invierno fueron uno de los más felices de mi infancia. Los días feriados, mientras mi padre escuchaba por la radio los discursos de Perón en la Plaza de Mayo y se dedicaba a la huerta, nosotros seguíamos con nuestras correrías. Ramón no se apartaba de mi lado. El ovejero alemán de Don Alberto se volvía loco con nuestro bullicio y seguro olía la presencia del corderito. Los padres de Tito y Betty eran antiperonistas, en esas ocasiones aprovechaban a deambular por el fondo de su casa para comenzar, a través de la cerca de alambre que nos separaba, una inocente conversación con mi padre, que terminaba en discusión. Reprochaban la quema de las Iglesias y predecían la caída del gobierno de Perón. Mi padre exasperado les decía—Lo que pasa que ustedes son unos gorilas—. En el centro de la escena nosotros seguíamos haciendo de las nuestras y en el cerco opuesto, a través de la ligustrina, el ovejero alemán nos ladraba, el loro repetía —Vieja loca, vieja loca—, señal que Don Alberto andaba chusmeando las discusiones de los vecinos. Desde ya que el no se dignaría a discutir, estaba más allá de todo, era el Gran Gorilón.
Al anunciarse la primavera, los olores de las flores invadían todo el espacio, la huerta comenzaba a demostrar su presencia, las hierbas resplandecían. En ese tiempo algo personal turbó mis maravillosos días, tuve mi primera menstruación, era señorita. Mi madre asustada, ya que tenía once años, no sabía como encarar tan trascendental hecho. Yo lloraba y rezaba, no quería quedar embarazada. Eludía jugar con Tito, creía que ante el menor roce de nuestras manchas venenosas podía embarazarme. Las pobres vírgenes y el Corazón de Jesús de yeso, del altar de mi abuela, estarían agotados por mí súplicas. Pero no claudiqué y seguí con mis juegos.
Una noche, agotada por el trajín diario, me dormí leyendo una novela de Alejandro Dumas de una de las revistas literarias que nos traía mi padre. Tuve pesadillas, me desperté al amanecer sollozando y transpirada. Cuando llamé a mi madre noté revuelo en la casa, los mayores iban y venían, cuchicheaban. Mi tía y mi abuela me atendieron, y a fuerza de cariño y mimos lograron que me duerma. Por la mañana, era sábado, toda la familia estaba reunida en la cocina, no me llamó la atención ya que eran comunes esas reuniones cuando estaba mi padre, el mate pasaba de mano en mano mientras se charlaba de cuestiones hogareñas, en las cuales no estaban exentas las discusiones. Pero ese día estaban callados, tuvieron que contarme la trágica realidad; el ovejero alemán de Don Alberto había saltado la ligustrina por la noche destrozando a Ramón, mi cordero negro. Fue terrible. De ahí en más las tardes primaverales se oscurecieron como si una fina llovizna de cenizas las cubriera. Sentía una sensación de tristeza, por primera vez conocí el adiós definitivo, la pérdida de alguien muy querido. Mi niñez se esfumaba entre los olores e imágenes con la fugacidad de esa época. La muerte de Ramón fue la bisagra que señalaba con profundo dolor el tránsito hacia la adolescencia.
Don Alberto nos citó a mi padre y a mí en su casa. Por primera vez entraba. Era hermosa; muchas plantas, muebles valiosos, fotos en las que se lucía Don Alberto junto a premios obtenidos en carreras de auto, otras en el Hipódromo, su esposa ejecutando el violonchelo. Por observar todo casi no escuché lo que discutían. Don Alberto prometió indemnizarnos por el asesinato de Ramón.
El tiempo, con su juego perverso, dibujando parábolas entre la inconsciencia y la consciencia, se deslizó inclaudicable. Transitando el último lustro de los cincuenta, la situación política del país era grave, mi padre no dejaba de hablar sobre el tema, la radio ocupó el lugar predominante en las reuniones familiares. Un domingo, a la hora de almorzar, observé con extrañeza que no había movimientos habituales, recién llegada de misa con mi abuela, corrí hacia la cocina para disfrutar de los preparativos. Mis hermanos estaban sentados a la mesa y todo dispuesto para comer. Me explicaron que llegaría un asado de la panadería. Era habitual, cuando el asado era muy grande que el panadero alquile el horno. Al fin llegó, dispuesto en una inmensa bandeja, se veía dorado con papas de guarnición. Emanaba un exquisito olor que invitaba a comerlo. En un pinche había una tarjeta, en ella estaban las disculpas de Don Alberto, nos enviaba un cordero asado con intenciones de paliar en algo la muerte de Ramón. El Gran Gorilón creía que estábamos criando al corderito para comerlo. Me descompuse, una impotencia furiosa me invadió, odié a mis vecinos.
A mediados de septiembre los militares derrocaron a Perón. Era la “Revolución Libertadora” Mi padre estaba de luto, vaticinaba tiempos cruentos para nuestro país. Cuando pasaban por la calle marchas cantando loas al nuevo gobierno, salía desesperado a insultarlos, mi madre lloraba, sabía que podía ir preso. Por las noches comentaban las atrocidades que estaban cometiendo los militares con los peronistas, los comunistas y las organizaciones obreras. Al atardecer había “Toque de Queda”, no se podía transitar por las calles, las leyes militares eran muy duras. Con Betty, como desafiando la fuga de la niñez, nos escapábamos después de la hora prohibida y nos refugiábamos en la pequeña empalizada de la casa de Don Alberto. Ahí escondidas, espiábamos los tanques de guerra que pasaban por las calles escrutando alguna violación del “Toque de Queda” por parte de grupos de resistencia. Una tarde, en una de nuestras habituales aventuras, en las que de una manera masoquista, sufríamos, pues pensábamos que si nos descubrían iríamos presas y sin más nos fusilarían, escuchamos tiros dentro de la casa de Don Alberto. No puedo describir el terror que sentimos. Por supuesto huimos, agachadas, protegidas por el crepúsculo, temblando de miedo, hacia nuestras casas.
Don Alberto se había suicidado, no pudo soportar una enfermedad incurable. Con el tiempo su esposa se mudó a un departamento del centro de la ciudad. El ovejero alemán fue regalado a unos amigos del campo, el loro fue obsequiado a mi familia.
Aún tengo en mis oídos, cuando al atardecer llegaba del secundario, la metálica voz que repetía—Buenas tardes, vieja loca, vieja loca—. Entonces sentía una profunda melancolía y me iba hacia el fondo de la casa, quería ver si las hierbas aún resplandecían.



Lucio Estévez. (Cuba/EUA)

Poeta, periodista, promotor cultural. Ha publicado Sur y poesía, En el libro del tiempo, Iluminada. Lucio es un hombre con una patología amorosa incurable. Su muerte será estudiada y analizada por los médicos del corazón, pero no los cardiólogos, me refiero a esos otros seres que tienen al amor como uno de los primeros modos que han escogido los poetas para morir, siendo ellos mismos, poetas. La poesía de Lucio trasciende lo neorrealista para convertirse en lo que debe ser la poesía, en definitiva, una forma sencilla de decir las cosas que se sienten, es, para expresar el sentimiento. 



VERANO

Ven amor,
ven a perseguir las gaviotas en la playa,
corramos desnudos por la arena
seguidos por los duendes de la noche
con los cuerpos brillantes de corales
dueños del mar y del verano
cabalgamos sobre la espuma
a grupas de los unicornios del viento,
los astros serán nuestros,
los peces, caracoles y corales
y cuando la luna asome su rostro
en el horizonte logremos en nombre del amor
 convertirnos en dos locos de remate.
Ven amor,
ven a perseguir conmigo los veranos en la playa






ALEJANDRA MENASSA  de LUCIA (Argentina) 


Nace en Buenos Aires en 1972 y vive en Madrid. De nacionalidad española. Médico especialista en Medicina Interna y Psicoanalista. Pertenece desde 1992 a los talleres de Poesía Grupo Cero, coordinados por Miguel Menassa, candidato al Premio Nobel de Literatura en 2010. Ha publicado: -En poesía: Talleres de Poesía I. 1995, Primera Inquietud. 1995, Al oído del Viento. 1999, La llave de los días. 2002, La muerte en casa. 2003, La piel del deseo.2005. En Psicoanálisis: Psicoanálisis y Medicina. 2002. Medicina Psicosomática 1. 2005. Premios: . Mejor libro de poesía del año 2006 de la American Writers and Artist Association a su libro La piel del deseo. - Premio Estrella digital 2005 al poema Criptomemoria. -Premio de Poesía de la Asociación Pablo Menassa de Lucia 2003 al libro La muerte en casa. -Premio Nueva gente 2001 de la Asociación de Artistas y Escritores Española, Accésit al Premio Poeta del Mediodía en Alcalá de Henares. En 1992.


YO Y EL VERANO.




Hace calor, un río de sudor caliente se desliza entre mis muslos. Insisto, sentada en el escritorio frente a los papeles, en hacer mi trabajo, pero no puedo.
El sol me atormenta con sus rayos. Se ha estropeado el aire acondicionado ayer y estamos en Agosto, no vendrán hasta el lunes a arreglarlo. ¿Debo agradecer este retraso?
Lo malo de este calor no es ni siquiera que no me guste el verano, me encanta, ni que me moleste el sudor, no es que a altas temperaturas mi pensamiento se enlentezca y se interrumpa mi tarea, no es eso.
Es este sudor que baja como río, y que ya no sé si es agua o ese líquido caliente que destilan los sexos afiebrados por el deseo. Mi sexo. Es que cada vez que este caudal extraño nace de mis ingles y recorre impasible mis muslos, la fantasía lo inunda todo. Todo lo anega el recuerdo.
Cuando pasó, su aliento caliente sobre mi cuello, sus manos a 70 grados sobre mi piel, esa destilación brillante que exhalan los cuerpos sometidos a temperaturas extremas, su boca recorriendo sin piedad mi sexo, donde salivas y flujos y sudores hacían un solo caldo para su lengua inquieta.
El calor ensancha las paredes de los vasos, produce un éstasis de sangre , los setenta centígrados de la sauna, hacían, por este mecanismo, que su sexo adquiriese un tamaño descomunal, como si toda la sangre de su cuerpo estuviera en ese remanso entre sus piernas, que, además, tenía la temperatura de un volcán. Cuando me penetró fue más placentero que otras veces.
Era un espacio público, estábamos solos, pero en cualquier momento podíamos ser sorprendidos, eso aumentaba el deseo, como cuando la fruta prohibida se nos ofrece para fenecer en nuestros labios. La tensión de la posibilidad de ser descubiertos, hacía que el deseo aumentara a un ritmo mayor de lo normal, el calor lo aceleraba todo. Era una ebullición de sensaciones.
Con ese ritmo, el clímax llegaría mucho antes. Sus caderas se movían a una velocidad extrema, la humedad permitía que el deslizamiento fuera perfecto, yo respondía a sus embates con sacudidas casi tan fuertes como las suyas. Así, basculamos pelvis contra pelvis casi diez minutos, sin dejar de apartar la mirada vigilante de la puerta. Sin detenernos mientras acercábamos nuestras bocas para fundirnos en un húmedo beso. Yo ya había tocado varias veces el cielo, cuando él derramó su semilla como una lava ardiente en mis entrañas.
Ahora cada vez que el calor hace correr el sudor entre los muslos, esa escena se instala en mí, y desata las más hondas pasiones.
Cuando dirigí la mirada hacia la máquina, encontré este escrito en la pantalla del ordenador, lejos de ensoñarlo, esta vez lo había escrito. La fantasía de la sauna ya no me perseguiría más. El cuerpo musculoso y brillante de él, mi silueta dorada por el sol y bañada en minúsculas gotitas, nuestras sonrisas de goce, nuestros líquidos orgánicos entremezclándose, la aceleración de la materia y la energía que provoca el calor, todo había quedado para siempre atrapado en la página.





ERNESTO R. del VALLE [Cuba/EUA] 
Poeta y escritor, promotor cultural, Editor de la revista Literaria GUATINí
Ha publicado Miércoles de ceniza, [Relatos], Edit. Voces de Hoy, 2010
Alabanzas y alucinaciones [Poesía], Editorial Glorieta, 2011. Tiene en Edición El amor en su vigilia Antología de poemas de amor publicada en la Revista GuatiníDuendería, relatos infantiles y el poemario Emboscadas del sueño




Verano
(Especial para Guatiní)

Entre sudores la tierra canta,
humedece sus raíces, se hace escándalo y sociego
fruta madura, noche ensortijada
en los cantos de los grillos.

El verano es el jugo de la naranja
y el mango, la mordida de una hormiga
insomne, laboreando su música entre flores,
el verano es el cuerpo desnudo
desafiante ante las olas y la brisa soleada
de la eternidad. El verano vuela en los ojos
de las amantes y las viudas
en esa eterna carrera por llegar
a la infinitud de las lluvias
antes de que el sexo rinda sus pasiones.

Entre sudores, la tierra canta,
se hace fértil,  se hace niña
ilusionada. La tierra canta,
mientras el verano se hace 
crepúsculo de amor en nuestras almas.

ROCÍO L'AMAR (Chile)

Abogado. Poeta, narradora, ensayista, antologuista. Activa gestora, difusora y productora cultural en la Región del Bío Bío. Comentarista de libros en espacios radiales y escrito. Crítica literaria. Fundadora y Presidenta de la Sociedad de Escritores de San Pedro de la Paz. Ex - Presidenta de la Sociedad de Escritores de Chile Filial Concepción. Fundadora de la Asociación de Escritores del Bío Bío. Ha creado importantes concursos literarios a nivel nacional. Obtiene la Primera beca para Escritores Nacionales en 1994. El Fondo de Desarrollo de las Artes la premia a nivel nacional el año 1997 con la obra poética bilingüe escrita en mapudungún y español “Yo te saludo Mapu”. Creadora y coordinadoras de las Feria del Libro en San Pedro de la Paz. Ha publicado en formato papel y cd. Su poesía ha sido premiada a nivel regional, nacional e internacional, e incluida en revistas, diccionarios y antologías digitales y papel. Actualmente dirige talleres de literatura para diversos grupos sociales. Asimismo administra blogs de difusión literaria. Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile, entre otros.




VERÁN (Verano, en Gallego)


donde la sangre bulle para los mismos mares…
VALERIA BONIFACCIO

entresacándonos ropita
de este lado

el solcillo a todas luces trajina
cuarteándose

piel a piel
quema lo que tiembla se hace verbo

entre manos resurrección un mundo
que cita señala unge



así me acallo

en el silencio eres mi boca servida.



Colombo.doc.jpg
Jorge A. Colombo (Argentina)
Doctor en Medicina, Universidad Nacional de Buenos Aires.

Investigador Principal , Carrera del Investigador Científico (CONICET)
Autor de trabajos científicos en revistas especializadas en neurociencia, autor de libros científicos y ensayos.
Autor de libros de ficción (nueve).



VERANO


verano
en la sombra de los ojos
caen lágrimas de calor
sudor apasionado
que sube por las venas
de músculos trenzados
verano en la tierra y en el aire
frutos que maduran
voces que suben
corazones que cabalgan
caliente se torna todo
hasta los muertos -nuestros-
crispan sus puños
y cabalgan juntos
malón de siglos
ejército audaz
sin armas más que su número
tiembla la tierra
al paso del colosal ejército
de hombres
mujeres
niños
todos los muertos de tantas orgías de sangre
todos los vivos de sangre caliente
a caballo
a pie
arrastrándose o de rodillas
sin quejas ahora
sin dolores
ni penas
marchan juntos
en ensordecedor silencio de milenios
que acumularon tantas injusticias
tantas crueldades
tantos horrores
marchan decididos
en número que crece a cada instante
hasta cubrir el horizonte rojo
encendido
en pos de mesías disfrazados
vampiros de sangre y sudores ajenos
que deambulan por el tiempo
vendavales furiosos
verano que crece
arrasando los pertinaces inviernos


Marianela.JPGMARIANELA PUEBLA (Chile)
Pertenece a la agrupación de Poetas Itinerantes Rubén Darío” Valparaíso chile. Poeta y cuentista, autora del poemario, “Siempre en mí” Poemas de amor 1996. (Chile).
Cuentos preescolares (México): Los Tres Viajeros 2001 y El Conejo Astuto, 2003 (México). Novela “Nuestro Secreto” para niños(as) Chile 2010. Ha participado en numerosas antologías poéticas y de cuentos. Ha sido merecedora de varios premios literarios en los generos de Cuento y Poesía.

ENTRAS



Respiro aromas, veranum tempus,
tus mañanas vienen,
se deslizan suaves en mi piel.
Un aliento tibio impregnado de rocío
anuncia tu llegada.
Abro la ventana, luz, transparencia: entras.
Se ilumina la memoria,
desnudo silencio  despojado de su manto.
Escucho tu voz,
 eco
un murmullo de trinos invade la estancia.

Eres parte de mi piel
tus besos me recorren con ansias de mareas.
La frescura de tu amanecer yace a mi lado,
llena de sonrisas mi rostro.

No sé dónde comienzo ni dónde termino
estás en mis adentros,
savia de mi cuerpo, consumido en mí.
Nos perdemos en la pendiente del día
entre vientos azules y nubes viajeras,
que suavizan la canícula
de nuestro ímpetu.

Hay reflejos de aurora pintando arcoiris
sobre una sábana en blanco.


ALEJANDRO GÓMEZ GARCÍA (Madrid, España) 
Arquitecto, Poeta, fotógrafo, músico percusionista, pintor, Ilustrador de los libros. Colaborador de diversas publicaciones poéticas internacionales en las que destacan: Gaceta del Centro Histórico Nacional de Guatemala, Estrellas poéticas, e Isla Negra (Argentina) En Long Island al día , diario de Nueva York tiene una columna los viernes y en Debatepress.com.  Poemario Violeta malabar , Editorial Beaumont, EUA 2010


HUELVA

En Madrid hará frío esta noche.

Aquí el aire aún está caliente
y los eucaliptos rezuman olor a pleno Sol
-tarde de chicharras-.

En los pinares de la playa te busco,
y la orilla queda triste y desierta
al ver que llego solo.

Me siento en la arena.

Méjico y yo,
te esperaremos.



Clementina Jörg Ferreira  (Mar del Plata, Rep. Ardentina)

Realizó estudios secundarios en la escuela Normal Nº10 de Capital, y terciarios en la
Universidad Nacional de Córdoba, egresando con el título de trabajadora y promotora
social con especialización en geronto-geriatría. En la actualidad se desempeña como
voluntaria de la ONG Red Solidaria nodo Mar del Plata. Escritora y blogger por afición y
vocación, se dedica asimismo a la investigación de hechos históricos, incursionando
ocasionalmente en la ficción.
Los años del terror: VERANO DEL 78



Este relato, inspirado en hechos reales, relata un verano distinto en aquélla década
infame del siglo pasado que nuestro país hubo de atravesar.
Para quienes no lo leyeron antes, para refrescar la memoria de los demás, y para cumplir
con un estimado amigo que solicitó mi colaboración con un texto referido a la cálida
estación de verano, y es algo de lo poquito que tengo hoy para aportar, y
fundamentalmente por nuestros desaparecidos, aquellos a quienes no podemos ni
debemos olvidar.
Por y para ellos, aquí está.

Vengo de un largo exilio...
Vuelvo a Las Glicinas después de treinta años. La casa está abandonada, invadida por las malezas que avanzan en tropel desde el campo. Me abruma el recuerdo de otro tiempo, y el perfume del pasto húmedo por el rocío del amanecer me retrotrae a aquellas vacaciones hechas de veranos tórridos y siestas interminables, de las cuales escapábamos con mi hermano para pescar mojarritas con un alfiler doblado, un piolín y  una potra lombriz, para comer duraznos que arrancábamos calientes,trepados como monitos en los árboles de la chacra. Y sobre todo las imágenes de mi abuelo, mi padre y mi tío… Al despuntar el alba me despertaban los ruidos provenientes de la cocina; mientras tomaban unos mates aprontaban los aparejos de pesca, serios y silenciosos como monjes. Con el primer rayo de sol partían rumbo a la cercana laguna, envueltos en la bruma matinal. Alguna vez quise acompañarlos,y mi padre me detuvo en seco con severidad: “Esto no es cosa de mujeres…!” Y yo regresaba cabizbaja a la tibieza del café

con leche espumoso y la mermelada casera de la abuela Evangelina.
Hasta que una noche el encanto se quebró. Ya estábamos acostados los más chicos, y nos llegaba lejano el murmullo de las voces familiares,cuando el sonido brusco de varios
vehículos, frenadas,gritos, luces que traspasaban las persianas nos arrancaron del
descanso. Bruscamente apareció mi madre en el cuarto, nos arrebató literalmente de las
camas y sin decir palabra nos encerró en el ropero cubriéndonos con mantas, La oímos, más que verla,abrir la ventana y saltar por ella hacia el campo.
No sé cuanto tiempo pasó hasta que se hizo un silencio absoluto y nos animamos a salir… 
En la galería estaba mi abuela,sentada en uno de los sillones de mimbre,rígida, la mirada perdida en la nada,las lágrimas silenciosas surcándole el rostro; al acercarnos,
nos abrazó tan fuerte que creímos nos iba a quebrar…
Estábamos en la cocina desayunando cuando apareció mi madre con el cabello revuelto, sucia de barro y abrojos; nos contó que había pasado la noche agazapada en los juncales de la laguna, esperando a que desapareciera todo vestigio de aquel desconocido peligro que tanto nos había perturbado.
A mi abuelo, mi padre y mi tío no los volvimos a ver. Treinta años después,  de vuelta en el país y parada en la tranquera de Las Glicinas, en este frío amanecer,creo divisar a lo lejos sus difusas siluetas con las cañas al hombro y envueltas en la niebla del pasado,alejándose con paso cansino rumbo a la laguna. Pero es solo una ilusión... Ahora sé que ellos nunca regresarán.”


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DR. RAFAEL M. CRUZ-LASCANO (Guatemala) 
Periodista y promotor cultural. Ha publicado “Ensayos de un poeta”  Escribió en folletos de Aurora Franciscana y del Movimiento familiar Cristiano, para el Periódico Michatoya de Amatitlán, Guatemala y algunas intervenciones con poesía y artículos en “Guatemala en USA”, de los Ángeles CA. Fue director general (1971-73) de la Revista “Flores de Amatitlán”. Reconocimiento con el Galardón “Hombre de Maíz” 2009. Universidad de San Carlos de Guatemala.

Meridiano: VERANO

Sueño caminar sobre el ecuador
Me gozo ver el sol, el horizonte

El terrestre océano ensoñador
Florido ritmo Danza en rotación
que llenas de calor mi corazón
con tu abrazo de amor abrazador

A mi ventana se acerca un cenzonte
avisa aleja la región lluviosa
estación Boreal o austral bifronte
como en la lejana tierra selvosa
cuna cálida del rinoceronte
como en la tierna inspiración saudosa
Besos de uvas que llena mi comporta”
¡Qué día más largo y que noche más corta!



STELLA MARIS TABORO (Argentina)

Maestra Normal nacional y Profesora de historia, escritora. Reside en San Jorge ( Pcia de Sta Fe) Editó un libro de cuentos infantiles " Cuentos para Milagros " y cinco libros de poemas ;"Sonidos de luces y sombras"-"Rocíos de versos" "Burbujas del alma"- Pétalos en el viento"" Olas del silencio". 


El mar avanzaba y nació..

              El amor, fuego que vence al tiempo.
  Ese verano era el más luminoso y el mar se ondulaba reflejando cientos de gaviotas  que parecían pequeñas naos a la deriva .
 Alguien habitaba en el vientre de esa enorme masa de agua  salada. Sí, era   Neptuno que  eligió al mar como   la morada que creyó eterna y en sus profundidades vivía ,en un reino de castillos dorados sin conocer el amor.
Pero un día salió a la superficie y vio una estrella de mar  que de pronto flotaba  y d e pronto de hundía,   brillando bajo el sol ardiente .
Las olas la empujaron  hacia la costa de arena y hasta allí  fue  Neptuno hechizado por el magnetismo que lo impulsó a seguirla.La tomó entre sus manos , suspiró extasiado y ella fue tomando forma de mujer.
Ese amanecer fue distinto , el oriente lucía pinceladas rojas que  se repetían  en el cuerpo de Neptuno y en la clara mirada de ella se dibujaba el amor. El la llamó Afrodita. Así comenzó la historia de un amor distinto, a todos los amores de todos los tiempos y todos los lugares del mundo.
Ella amanecía extrañándolo y  como la memoria del viento acumulaba  sus  secretos de ardiente mujer, vibraba como la flor ante el rocío , anhelando tenerlo en sus  brazos y embriagarse  en su voz profunda.
Desde la primera luz del dìa, hasta el  principio  y final de  la luna , se amaban.
Su lecho,  la playa extensa  .  También sobre la arena , que formaba  un manto escondido en las grutas talladas por el mar en el acantilado.
Neptuno juntaba caracolas y formaba una corona en la sien de Afrodita  y ella entregaba su desnudez  para amarlo con la misma pasión  de la primera vez...


RICARDO SÁNCHEZ RIVERA [Cuba/EUA] 


Viejo repentista de la décima cubana que a pesar de residir en Miami, no ha dejado el arique y sigue atrincherado en el octosílabo. Tiene publicado Simiente Prendida, libro que nace de la grabación que le hiciera el editor de la Revista GUATINí, de las decimas que guarda en su memoria.


VERANO


Ninguna voz llega al alma
de Cuba como tu voz,
cortante como la hoz,
guajira como la palma.
En esas noches de calma
afiebrada por Vulcano
tu voz sale por el guano
volando como si fuera
un pájaro que le huyera
a la jaula del verano.
Del libro: Simiente Prendida

RAMÓN ESPINO VALDES (Cuba/México)

Poeta y músico popular. Ex Director del Conjunto Original Cucalambé y ex Colaborador del Palante en “Dímelo Cantando”, con Chanito Isidrón y Naborí. Es autor de 275 obras musicales. Recibió primer lugar compartido en décimas en el concurso Mangle Rojo con la obra “Princesita Isla de la Juventud”. Ganó el Premio de la Popularidad en el Primer Festival del Creador Musical de la ACCAM, en Las Tunas, con la canción “Entre naufragios y penas”. Creó libretos humorísticos para Radio Caribe y Radio Victoria, en “Guateque pinero” y “Rumores del Hórmigo”. Posee tres libros y dos discos publicados en México, donde reside desde 1997.

El verano como rito

canicular y furioso”
1
Con un cuerpo apetitoso
que en la cama dé sudores
se transforman los olores
en un zeppelín ruidoso.
Cubre el verano suntuoso
valles, ríos y praderas.
Y como te desesperas
por climas nada exquisitos,
hay que pedir casi a gritos
inviernos o primaveras.
2

Cuando invierno y primavera
acorralan el verano,
es porque el astuto humano
se confabula por fuera.
Corre la lluvia a chorrera;
bailan la risa y el bien;
mas el amor como un tren,
buscando paz y armonía,
le da al verano en la vía
mil choques, de guilletén.


Guilletén: Sin alardear, con facilidad.


GAFAT TULLERES (Chile)

Miembro de Poesía Pura. Un viejo decimista

Veranos ya cuento muchos 
que acrecentaron mi estrés, 
porque bellos cola-less 
me distraían piluchos. 
Muy reales y no truchos 
y dorados de pavor, 
entonan mi rededor 
y endurecen hasta el alma, 
haciendo versar ensalma 
a este Viejo Trovador.
JULIO CORTÁZAREl legado a los jóvenes 
Raúl Aguiar
Legna Rodríguez, ganadora del premio Iberoamericano
de cuento Julio Cortázar
Escribo como me gusta leer
Helen H. Hormilla
Esta semana la escritora camagüeyana ha vuelto a ser noticia, luego de convertirse en la ganadora del premio Iberoamericano de cuento Julio Cortázar. El jurado —integrado por el narrador cubano Reynaldo González, el crítico y editor Ariel Camejo y el escritor argentino Mario Goloboff— seleccionó su relato “Hasta Feldafing no paro” entre más de 300 propuestas de América Latina y España por “la originalidad de su discurso narrativo y la destreza para construir un relato que recrea de forma peculiar, atmósferas y personajes contemporáneos”.
Menciones del concurso iberoamericano de cuento julio cortázar
Laidi Fernández de Juan, multiplicada
Marianela González
• SUCEDIÓ EN COPPERBELT por Laidi Fernández de Juan
Dazra Novak rehúsa estropear las fantasías
Mabel Machado
• ALGUIEN SE HA ROBADO LOS CACATILLOS
por Dazra Novak
Anisley Negrín“Escribir, puede resultar también una enfermedad”
Dainerys Machado
• BALADA DE JOHN Y YOpor Anisley Negrín
ENTREVISTA CON MARIO GOLOBOFF, BIÓGRAFO DE CORTÁZARJulio en el país de los cronopios
Marianela González
“Él era un gran perseguidor y un gran descubridor. Eso hacía que los demás también lo descubrieran a él. A partir de su conocimiento personal de Cuba, este país y esta sociedad no dejarán de estar presentes, expresa o inconscientemente, en todos sus textos”

EL VERANO EN CUBA

Ofertas de campismo para este verano en Cuba
Más de 330 mil personas disfrutarán del campismo en Cuba durante la próxima etapa de verano, del 2 de julio al 15 de septiembre, se divulgó hoy en esta capital. La cifra representa un crecimiento de 33 por ciento en relación con los vacacionistas de la temporada anterior, aseguró a la prensa Dianed Fernández, jefa del Departamento Comercial del Grupo Empresarial de Campismo Popular.

Acampadas, excursiones, festivales deportivo-recreativos, encuentros con la historia y sus protagonistas, presentaciones de los mejores proyectos de la Brigada José Martí de Instructores de Arte, miniferias del libro, conciertos, exposiciones, peñas, bailables, galas, tertulias: todo eso y más acontecerá viernes y sábado.

4 comentarios:

Estrella del mar dijo...

Muchas gracias por incluir mi relaro

ANA MARÍA MANCEDA dijo...

ERNESTO: TU GENEROSIDAD PARA LOS ESCRITORES Y TU CAPACIDAD LITERARIA LOGRAN ESTE FORMIDABLE RESULTADO QUE NOS ENRIQUECE COMO PERSONAS Y LITERARIAMENTE. CARIÑOS. ANA MARÍA

Rocío L'Amar dijo...

ANTONIO MACHADO abre los balcones de Guatiní, la Revista Literaria; PABLO NERUDA sacude el viento como pañuelos blancos; JORGE ENRIQUE ADOUM se tiende a contemplar la página del cielo; ANA MARIA MANCEDA quiere ver si las hierbas aún resplandecen; LUCIO ESTÉVEZ persigue las gaviotas en la playa; ALEJANDRA MENASSA de LUCIA mueve sus caderas a una velocidad extrema; ERNESTO R. del VALLE [Editor de la Revista] humedece sus raíces… desafiante ante las olas y la brisa soleada; ROCÍO L'AMAR [la hablante] a todas luces trajina cuarteándose; JORGE A. COLOMBO crece a cada instante hasta cubrir el horizonte; MARIANELA PUEBLA se pierde en la pendiente del día… pintando arcoiris; ALEJANDRO GÓMEZ GARCÍA en los pinares de la playa; CLEMENTINA JÖRG FERREIRA agazapada en los juncales de la laguna; RAFAEL M. CRUZ-LASCANO dice ¡qué día más largo y que noche más corta!; STELLA MARIS TABORO en sus secretos de ardiente mujer vibraba como la flor ante el rocío; RICARDO SÁNCHEZ RIVERA sale por el guano volando como si fuera un pájaro; RAMÓN ESPINO VALDES buscando paz y armonía; GAFAT TULLERES haciendo versar ensalma EL VERANO por medio de la LITERATURA.

Felicitaciones al editor, Ernesto R. Del Valle, por salvar “el verano” que habita en cada uno de los autores aquí citados.

Rocío L’Amar
Chile

2/ Septiembre/ 2011

ERNESTO R. DEL VALLE dijo...

Querida Rocío, una excelente síntesis del Nro 78. Algo inmerecido de mi parte pues como editor de la Revista solamente muestro la calidad de las colaboraciones que recibo, es decir, te agradezco enormemente las palabras expresadas como un cántico de júbilo al propio Verano con que la Revista Guatiní en la palabra de sus colaboradores, rindió homenaje a su despedida de estas regiones del Planeta..